Orlando Salgado

Subtitle

¿Quién sabe de educación?

¿Quién sabe de educación?

El paro nacional estatal del Magisterio dejó al descubierto el profundo desconocimiento que en temas de educación tiene el Gobierno Nacional, y el historial académico y laboral de la ministra de este despacho es una clara evidencia.


Las permanentes heridas causadas al sistema educativo colombiano son un fiel reflejo de la posición cómoda del Gobierno, cuyas políticas equivocadas debilita la estructura escolar, y además de venderle una verdad a medias a la opinión pública, es apático a las propuestas que sobre el derecho a la educación presentan destacadas personalidades nacionales.


En este sentido, las contundentes declaraciones del científico colombiano Rodolfo Llinás describen un panorama desolador, pues dice que la educación en Colombia no es buena, las metodologías para enseñar no apuntan a un auténtico aprendizaje focalizado en potenciar las funciones del cerebro, la información no promueve la formación integral del ser porque es descontextualizada, los maestros no son respetados y son tratados como cuidadores de niños, y que un pueblo que no se educa no puede competir en un mercado globalizado.


Por su parte, Carlos Vasco recibió el «Premio Simón Bolívar, Orden Gran Maestro», por sus innumerables contribuciones a la educación durante sus 36 años de vida laboral, representados en la elaboración de textos escolares, programas de renovación curricular, investigaciones didácticas, módulos sobre teorías del cambio en la educación, los cuales lograron inquietar las altas esferas de la OEA; además, lideró la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo (Comisión de los Sabios), haciéndose acompañar por el doctor Llinás, Gabriel García Márquez, Manuel Elkin Patarroyo y Marco Palacio. Todas las propuestas para una auténtica revolución educativa, condensadas en muchos volúmenes, no pasaron de las puertas de las oficinas de los altos dignatarios y hoy hacen parte de los anaqueles de la historia en cajas empolvadas ubicadas en los archivos olvidados.


Colombia les da la espalda a nuestros científicos, pero le permite a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) intervenir nuestro Plan de Desarrollo para el próximo cuatreño, como cuota inicial para tramitar su membresía a este club de los países ricos, e ignora que Grecia, España, Portugal y México, aun perteneciendo a este clan, soportaron grandes crisis económicas. El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA), que es su hija consentida, ya hace parte de la agenda de la escuela colombina y se aplica, con una muestra que no es representativa, a estudiantes de 15 años de edad que cursan el grado noveno, en inferioridad de condiciones, pues deben responder a un cuestionario que está diseñado para jóvenes próximos a obtener su título de bachiller.


Sin darnos cuenta nos hemos doblegado ante la comunidad internacional a un alto costo, la cual está interesada en darle rienda suelta a la sociedad de consumo, que es un caldo de cultivo para el tráfico de narcóticos, la prostitución, la trata de mujeres, la falsificación, el contrabando y la violencia, prácticas cotidianas de los países que llevan la impronta de la OCDE. Además, entregamos los aprendizajes apoyados en nuestra cultura y contexto a un sistema productivo que se desplaza a grandes velocidades y que demanda resultados a corto plazo, así lo postula Guy Claxton en su libro «Cerebro de liebre, mente de tortuga».


En consonancia con la situación actual, el gran maestro Carlos Vasco afirma: «Mis aventuras quijotescas en la educación no han sido exitosas, los molinos de viento siempre han terminado tumbándome de mis variadas cabalgaduras», mientras el científico Rodolfo Llinás plantea que «Colombia es una cenicienta que quiere ir al baile de los países desarrollados». Y lo triste es que la cruda realidad no da muestras de querer refutar estas sentencias.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

www.orlandosalgado.com

osalgador@iuc.edu.co