Orlando Salgado

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Somos los descendientes lejanos de los primeros habitantes de la tierra, que al cabo de una ascensión vertiginosa y misteriosa hacia la complejidad, emergemos como la primerísima manifestación de razonamiento y, entonces, nuestra historia apoyada en la conciencia adquiere vida propia.

Este episodio le da a la lucha por la supervivencia y a la búsqueda de una mejor calidad de vida de los humanos, matices muy particulares, pues apunta a la educación, prioridad de los seres inteligentes, como el recurso más claro para el logro de nuestros ideales.

En esencia, esta educación requiere de dos actores: el primero de ellos acompaña los procesos de aprendizaje, mientras el segundo, se deja guiar con su dinámica, por la ruta del saber; en este sentido, es la escuela el escenario ideal para el cumplimiento de sus propósitos fundamentales.


Sueño con una escuela que posea aulas pulcras, de puertas abiertas, que invite al conocimiento, al recogimiento y a la reflexión; con áreas sociales cómodas dotadas de tecnología de punta que nos conecte con el mundo; zonas amplias y agradables para el deporte, la recreación y el sano esparcimiento; donde cualquier escenario sea óptimo para el discurso pedagógico sin interrupciones; una escuela en la cual los hermosos paisajes maquillados por el sol, el aire puro, el agua cristalina, el canto de los pájaros y el silencio sirvan de plataforma para que el niño y el joven interactúen y disfruten de la misma naturaleza.

Una escuela que asuma, con responsabilidad, la heterogeneidad física y mental de las personas, que rediseñe las políticas de gratuidad, que sea justa y humana en la relación alumno-maestro en el aula y, que sin fatigas de trabajo, sin madrugadas ni trasnochos, sea amigable con los escenarios y el tiempo para el debate y la discusión sobre el ejercicio pedagógico.

Sueño con una escuela que recupere, para la familia, el encuentro que le arrebató en el pasado y que regrese el rector a la institución puesto que en antaño era el faro para el maestro y el camino para el niño.

Una escuela que no sea juzgada injustamente, por pruebas externas domésticas e internacionales que cuestionan su dinámica interna y facilita, además, que centros de educación no formal hagan carrera al poner en tela de juicio la abnegada labor del maestro durante doce años de vida escolar; una escuela que garantice la continuidad académica a los estudiantes egresados de las instituciones públicas.

Una escuela que tenga un escaño en los organismos que legislan, y que sea protagonista en el foro y el debate sobre asuntos de ciudad, de región y de país.

Sueño con estudiantes que conciban la escuela con amor y con esperanza; que escuchen, obedezcan y practiquen la voz profética de sus líderes; con maestros motivados y alegres, que disfruten de una excelente calidad de vida, con salarios justos y acertados y oportunos servicios de salud.

Una escuela con maestros que generen desde el aula, prácticas transformadoras de paz y amor en los hogares; maestros que guíen, enseñen, amen, toleren y formen; que no olviden y que aprendan, que investiguen, que creen y que con sus actos recuperen el liderazgo en el seno de la sociedad.

Este imaginario al que he llamado "la escuela de mis sueños" empezó a construirse con mis buenos maestros cuando pintaron en el lienzo de mi vida, esta noble profesión; luego, por aquéllos que como yo, tuvimos la fortuna de navegar a través de tres generaciones, con acontecimientos y transformaciones excepcionales que han sido una valiosa herramienta para cumplir con nuestra agenda de aula; conocimos a nuestros bisabuelos y, posiblemente, a los hijos de los hijos de nuestros hijos; sufrimos las funestas secuelas de la Segunda Guerra Mundial y de la violencia del 48, cuando apenas éramos unos niños; vivimos el hipismo de la década de los sesenta y la reivindicación de los derechos de la mujer, presenciamos en blanco y negro el arribo del primer hombre a la luna y el mundial del 82, nos dimos cuenta de la disolución de la Unión Soviética, de la caída del muro de Berlín y del magnicidio de grandes líderes mundiales como Martín Luther King, Indira Gandhi y Abraham Lincolm, entre otros; la resurección de Sudáfrica con Nelson Mandela, la lucha por el poder en Polonia entre el comunismo y el movimiento Solidaridad liderado por Lech Walesa…. Transformaciones profundas en la década de los ochenta que diseñaron la vida del futuro; ahora, esta escuela con un nuevo colectivo de docentes se abre camino en un sistema educativo que se resiste a reconocer los derechos que por naturaleza nos merecemos, pero confiamos en que estos jóvenes serán superiores a los retos y, mientras tanto, nosotros, desde los diferentes escenarios, estaremos apoyándolos en esa noble gestión.



ORLANDO SALGADO RAMÍREZ.

osalgador@iuc.edu.co