Orlando Salgado

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La auténtica jornada única

LA AUTÉNTICA JORNADA ÚNICA


Desde los comienzos de mi vida académica hasta obtener el título de Normalista Superior, tuve la oportunidad de estudiar en instituciones con jornada única, en un sistema de educación presencial cuyo horario iniciaba a las 8:00 am y finalizaba a las 5:00 pm. Al mediodía tenía un receso de dos horas para almorzar en familia y esto potenciaba el encuentro del hogar. La infraestructura escolar contaba con suficientes áreas y completa dotación en material didáctico; los docentes eran titulares, competentes y respetados; el número de alumnos en las aulas era justo; los hogares eran íntegros y estaban en sintonía con la institución; los planes de estudio, exigentes y desarrollados rigurosamente en el tiempo, involucraban la música, el arte, los centros literarios, la lúdica y el deporte; los sistemas de evaluación eran rígidos, no daban tregua y hacían de la escuela el escenario ideal para garantizar el rigor académico. Con este panorama, la aprobación del curso era un tributo a la responsabilidad, a la dedicación y al crecimiento personal.


La progresiva escasez y deterioro de las construcciones escolares, el crecimiento acelerado de la población estudiantil y el deseo del Gobierno de castigar el presupuesto asignado a la educación le dieron vida a la jornada continua, que entregó los primeros pasos en el siglo pasado y cogió fuerza con la expedición de la Ley 715, cuyo espíritu es racionalizar el gasto público. Esta modalidad cuenta con dos períodos de seis horas de presencialidad para estudiantes diferentes en la mañana y en la tarde, entrega en bandeja de plata medio día para el ocio a los niños y jóvenes que ya no quieren o no pueden ir a clases a causa del debilitamiento de la estructura familiar, del desempleo y la pobreza, y los arroja a las calles, situaciones que facilitan la ausencia de estudiantes en la escuela en una de las jornadas, posibilitan la deserción escolar y debilitan al Estado para combatir la delincuencia, la inseguridad y la violencia.


Este año el Gobierno empezó a responder acertadamente a una necesidad sentida implementando la jornada única, veinte años después de haber sido incluida en la Ley General de Educación, en 1994. El secretario de educación del municipio, doctor Fabio Hernando Arias, ha hecho eco al llamado del Ministerio de Educación Nacional y aceptó la invitación para realizar el pilotaje. Siete meses después, el programa cuenta con treinta y seis instituciones y el 31% de estudiantes matriculados, cifra que es superior a la meta que la Nación tenía proyectada para el 2018. Por esta razón, Manizales fue sede del IV Encuentro Regional de Rectores de Jornada Única, evento en el cual la ministra Gina Parody afirmó: «Caldas y Manizales han sido pioneros a nivel nacional, fueron los primeros que prometieron incorporar al 30% de nuestros niños a este programa».


La jornada única debe convertirse, a futuro, en el sistema de educación presencial por excelencia, que albergue a toda la población estudiantil pública del país, y para ello el Estado debe hacer considerables inversiones en infraestructura, dignificación de la profesión docente, restaurante y transporte escolar. Este reto exige grandes ajustes que deben apuntar a reescribir el Proyecto Educativo Institucional (PEI), optimizar la relación de estudiantes por docente y combatir el hacinamiento en las aulas escolares; además, hay que reglamentar los horarios de permanencia en la escuela, garantizar el encuentro familiar al mediodía, rediseñar el currículo incluyendo de nuevo importantes asignaturas que fueron sacrificadas en el pasado, contratar docentes titulares de tiempo completo, renunciar a las jornadas extendidas y complementarias que no son prenda de garantía para las pretensiones de calidad educativa, y reevaluar el sistema de restaurante y transporte escolar. De este modo podremos aspirar, para el 2025, a realizar la meta de conducir al país hacia la excelencia académica y de ser un ejemplo educativo para América Latina.

Orlando Salgado Ramírez

www.orlandosalgado.com

osalgador@iuc.edu.co