Orlando Salgado

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Impacto de la Reprobación

EL IMPACTO DE LA REPROBACIÓN EN LA ESCUELA DE HOY

Las diferentes normas sobre evaluación y promoción para estudiantes establece, por regla general, que una persona reprueba el año escolar cuando su nota definitiva, en tres o más áreas, en la escala de valoración de 0 a 5 o su equivalente, es inferior a tres o, cuando agotado el cronograma de recuperaciones, pierde al menos una área.


En el año 2012 de los 55132 estudiantes matriculados en las 57 instituciones educativas oficiales de Manizales, 5124 reprobaron el curso; de esta cifra 4162 lo repitieron y 962 desertaron de la escuela; (oficina de unidad de cobertura, Secretaría de Educación del Municipio). ¿Dónde se encuentran?

Antes la reprobación no era motivo de alarma y la deserción tendía a cero; había solidez en el núcleo familiar: la madre acompañaba a sus hijos en el proceso de formación y el padre era el responsable de la economía del hogar; estudiar era una prioridad, los alumnos respondían a las exigencias de la escuela, la calidad de la educación era buena, se ingresaba a la universidad con relativa facilidad y existía una acertada oferta de empleo.


La crisis económica de la década de los ochenta, la desaforada sociedad de consumo, el desempleo galopante, la corrupción y el narcotráfico de finales de siglo cambiaron las condiciones de vida de los colombianos: la madre renunció a su rol, se incorporó al mercado laboral; los hijos quedaron solos y vulnerables, estudiar ya no es una buena opción y el niño es apático al llamado de las aulas; además, las condiciones críticas en el seno del hogar lo alejan de la escuela y lo obligan a trabajar; se pierde el curso y se abandona el proceso; se fortalece la delincuencia y la violencia con estos nuevos miembros, crece la inseguridad y el Estado se ve obligado a intervenir esta crisis de valores y a invertir gran parte del presupuesto sin resultados alentadores.


Convertida la reprobación en un detonante de la deserción escolar, el decreto 230 de febrero 11 de 2002, que dicta normas en materia de currículo, evaluación y promoción, le fija techo a la misma en un 5 por ciento (5%), y deja a su paso golpeada la calidad de la educación, al tiempo que debilita el nivel de exigencia en el aula de clase y el aprendizaje; las comisiones de evaluación de final de año, obedientes a la norma, se convirtieron en una subasta de grados escolares con mecanismos de promoción y planes de recuperación laxos que terminaban por agotar la noble misión del docente.

Los permanentes ruegos del magisterio en pleno, los cuestionados resultados de las pruebas externas y los repetidos señalamientos de los críticos de la educación relacionados con los bajos estándares de calidad, liberó a la escuela del incómodo 5% por medio del decreto 1290 de abril 16 de 2009 y que se adecuó, con más rigor, en la secundaria a partir del 2010 a través del Sistema Institucional de Evaluación para Estudiantes (SIEPE), y que sin beneficios rescatables en el aprendizaje, puesto que el sistema continuó débil en el rigor académico, elevó los niveles de reprobación; disparadas las alarmas en las oficinas de las autoridades educativas, de inmediato hacen un fuerte llamado a las instituciones a repensar políticas que frenen la pérdida del año escolar.


En consonancia, con los requerimientos de este mundo contemporáneo, vale la pena arriesgarnos a transitar nuevos caminos en búsqueda del equilibrio con bajos índices de reprobación y deserción, altos estándares de calidad y oferta digna de empleo sin las ataduras de la norma sobre evaluación y promoción; se requiere, entonces, el concurso de todos los actores (estado, directivos, docentes, empresa), para que desde sus posiciones hagan los aportes requeridos en la población más débil representada en las familias de bajos estratos y, así, logren hacia el futuro sus ideales de vida mediante una lucha civilizada por la supervivencia con condiciones óptimas y limpias en el sistema educativo.


ORLANDO SALGADO RAMÍREZ.

osalgador@iuc.edu.co

www.orlandosalgado.com